viernes, 16 de marzo de 2007

Ribadiso-Arca

Es la penúltima jornada antes de llegar a Santiago. El albergue de Ribadiso ha sido un remanso de calma, tranquilidad y belleza enmedio de la belleza de Galicia. Un albergue precioso aprovechando un caserón tradicional al borde del río Iso, tocando su puente medieval.
El camino se enfilaba hasta Arzúa. Pierdo la Galicia rural y entro en las ciudades iguales a otras ciudades de cualquier lugar. El centro me recuerda a Santiago. Casas de piedra encaladas dejando ver crudos los pilares y arquitrabes de puertas y ventanas.
Eucaliptos. Miles de eucaliptos. Desde Arca tengo la visibilidad suficiente como para, mirando atrás, ver la gran masa de eucaliptos que hemos atravesado.
Arca, otra ciudad más que se parece a muchas ciudades impersonales del mundo. Quizá no he sabido encontrarle el sabor o quizá siga perdido por los caminos entre aldeas chorreadas de mierda de vaca y castaños milenarios creciendo en los cruces de las calles de tierra. Quizá siga perdido por los caminos embarrados que a veces parecen ríos o se funden durante unos metros con alguno de los miles de arroyos que corren por aquí.
Me he encontrado en este viaje con el campo. No con el romántico campo que los urbanitas soñamos, sino con el duro campo y el hermoso campo.
La Galicia rural es una Galicia en ruinas. Las casas se caen por abandono, porque nadie las habita. Casas de piedras pacientemente colocadas y tejados urdidos con vigas, madera de castaño y lajas de pizarras sin más sujeción que su propio peso.
Me he encontrado con los "bien criaditos" cuervos que graznan por estos lares y que tanto miedo me daban cuando de pequeño a la hora de la siesta investigaba los olivares aledaños al cortijo de mi familia en mi pueblo extremeño. ¿Mi pueblo? no tengo pueblo. Me doy cuenta de que no soy de ningún sitio. Que podría ser de cualquier parte o de ninguna.
Mañana llego a Santiago y no es alegría lo que siento.
Una niña me paró hace unos días y me preguntó de donde venía. Me dijo: Y luego llegarás a Santiago y te sentirás muy feliz, verdad? Le dije que sí, pero que continuaría a Fisterra y que me sentiría más feliz aún.
Mi camino no es a Santiago. Hoy que estoy casi a las puertas de Santiago me doy cuenta de ello. Mi camino es al fin del mundo, al fin de los días.
Muchos besos a todos. De todo corazón.

Ribadiso-Arca